martes, noviembre 22, 2005

Y yo, por fin, me libero de la droga

Ya el efecto de tu droga dura menos,
me adapté a tu etereo acoso,
viendo fantasmas, oliendo feromonas.
Y como adicta que soy, te busco,
incorporo intravenosos recuerdos.
Ya no existen las sobredosis, ya no me intoxico,
pero sí,
siento los filosos cuchillos lanzados por tus amigos,
que una vez también fueron los míos.
Y me pregunto,
¿Cúando fuiste la víctima?
Entre carcajadas de locura, viene la sensación cercana a la inmunidad,
pero,
¿Qué maldito nervio tocaste que ya las lágrimas no cesan de brotar?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hoy estuve pensando: y si pudiera rociar sobre mi cuerpo un perfume pestilente de tantas feromonas masculinas? indudablemente ella caería sobre mis labios, la mataría de una sobredosis, y despues... no. Existen métodos más memorable que esas pequeñas dosis de feromonas que ustedes nos dan, no es su droga, ni el efecto; es como ustedes la administran...
pensé...
que estés bien, saludos.